Fray Bentos – Epicentro de la Revolución Industrial Uruguaya [Español]

The English version of this post is here.  Please check the following link for a project overview in English.  Por favor mirar el siguiente link para una descripción general del proyecto en Español.  Para más imágenes de Martin Herrera Soler del proyecto, mirar Fray Bentos Gallery.  

Photo: Anglo.  Photographer: Daniel Milnor.  

 

Después de trabajar durante más de nueve meses en el proyecto Peñarol – un lugar donde conviven pasado y presente de manera singular y contradictoria (2010), empezamos, casi sin quererlo, a derivar nuestra mirada a otras industrias emblemáticas vinculadas a los ingleses.  Sin saber bien por qué, sentimos una incuestionable atracción por lo que apenas podíamos conceptualizar como ‘patrimonio histórico industrial’.  Tal vez son las imponentes estructuras representativas de una época de apogeo, o su inevitable condición de belleza en decadencia.

 

Photo: Ganchos.  Existe aún una colección incuantificable de fanos utilizados para colgar las reses y desplazarlas a lo largo de todo el proceso productivo. Frigorifico Anglo, Fray Bentos, Río Negro, Uruguay.  Photographer: Martin Herrera Soler.

 

La cuestión es que así, sin propósito claro y a la deriva, llegamos a Fray Bentos en Enero del 2012.  Esta vez reforzados por un elenco especial.  Más allá de los sospechosos de siempre (Diego Vidart y yo – del colectivo Dokumental), esta vez nos acompañaban Daniel Milnor y Larry Hayden, dos amigos del norte embarcados en la aventura de conocer Uruguay y con el propósito de producir colectivamente; dando rienda suelta a la creación individual y jugando a través de la edición para crear una narrativa que abarcase la diversidad de miradas sobre un tema en común.

Al respecto del experimento de trabajar colectivamente (que es eje central de Dokumental y tema que apasiona a sus creadores), se puede decir mucho.  Si bien seguimos en la búsqueda de una metodología de trabajo que funcione integrando a documentalistas dispersos por diversas partes del mundo, lo que sí se puede aseverar sin temor a equivocarse es que la idea vale la pena.  Alcanza con imaginar a cuatro amigos, un pequeño auto y diez días vagando por las rutas de Uruguay en búsqueda de historias, para intuir que al menos la búsqueda fue divertida (más sobre esto en otro momento).

 


Video Entrevista 2 (Rough Cut): Pedro.   

 

Desde entonces y hasta ahora, casi ocho meses más tarde, yo he seguido involucrado con el tema, recientemente con una nueva visita al predio con la intención de devolver algunas de las imágenes e historias multimedia que registramos en su momento.  Entre otras cosas tuve la oportunidad de aprender mucho de la historia de Fray Bentos, y comprender el gran impacto que tuvo el frigorífico en sus diversas encarnaciones en el cotidiano y en la idiosincrasia de este lugar tan particular.

Cuando primero abordamos este proyecto poco entendía de su larga historia, y menos comprendía que, más allá del renombrado Frigorífico Anglo, su tradición e importancia industrial se gesta mucho antes del nacimiento de este establecimiento en 1924.  De hecho desde tan temprano como 1820, en el mismo lugar ya existían saladeros que exportaban charque[1] para los esclavos de Brasil, Cuba y el Sur de Estados Unidos.  Para poder apreciar la magnitud e importancia de la industria de la carne basada en Fray Bentos, basta con mencionar una frase que se escuchaba frecuentemente en aquella época; “En Fray Bentos cae ‘la grande’ (lotería nacional) dos veces al mes,” haciendo referencia a los pagos de nómina quincenales que se acostumbraban en la época.  Fue por muchos años la industria más importante del país en producción y empleo.  El presupuesto de salarios durante su apogeo (más de 4500 trabajadores) era mayor que el presupuesto nacional combinado.

Photo: La Heladera.  Vista exterior de la cámara de frío construida por los ingleses para conservar la carne antes de exportarla. Frigorífico Anglo, Fray Bentos, Río Negro, Uruguay.  Photographer: Martin Herrera Soler.

 

Es por esto que dejé de pensar en este proyecto centrado en el Anglo y los ingleses, y amplié la mirada a Fray Bentos como epicentro de la revolución industrial en Uruguay.  Incluso hoy, a decenas de años de distancia, impresiona recorrer las más de seis hectáreas construidas del frigorífico y aprender sobre la complejidad y sofisticación de esta industria, sobre su grado de innovación y evolución y sobre su repercusión y rol trascendental en la historia nacional y mundial, situando el nombre Fray Bentos en un lugar especial de la memoria colectiva de los Europeos durante la guerra.

Si bien el fragmento de la historia más conocido se centra en los ingleses, los orígenes de la industrialización en el frigorífico son otros y están intrínsecamente ligados a la falta de flora intestinal de una bella joven alemana.  Fue en el año 1850 que el químico alemán Liebig ideaba un proceso por medio del cual podía replicar la transformación biológica por medio de la cual el cuerpo humano extrae los alimentos de la carne como parte de la digestión.  Gracias a esta singular invención, no sólo salvó la vida de su sobrina, sino que además transformó completamente la industria de la alimentación y el futuro bélico del mundo.

 


Video Entrevista 1 (Rought Cut): Antonio.  

 

Napoleón, en una de sus alborotadas aventuras conquistadoras y después de perder más de la mitad de su ejército a consecuencia del frío y la inanición, aseveró al respecto de la necesidad de encontrar una forma eficiente de transportar alimentos si alguien deseaba realmente expandir su sed conquistadora a remotos y foráneos territorios.  Fue entonces su sobrino Napoleón III quien, en busca de seguir los pasos de tío, lanzó un concurso buscando premiar a quien lograse tamaña hazaña.

El proceso ideado por Liebig, si bien funcionaba a nivel de laboratorio, era extremadamente caro y no escalaba a los niveles de producción necesarios para realmente masificar su consumo.  En 1862, inspirado por el proceso de extracción de azúcar de la caña en Brasil, y después de leer un artículo publicado por el mencionado químico, el ingeniero Jorge Giebert, de origen Belga, idea un proceso de producción en masa por el cual se podrían extraer de manera eficiente cantidades industriales de extracto de carne.  Tras enviar una carta a Liebig, a la cual no obtuvo respuesta, se presentó en persona en su laboratorio, La Gran Farmacia Real de Múnich, para convencerle de la seriedad técnica de su planteo.  Ante el mismo, y según dicen los cuentos, frente su desmedido entusiasmo, decidió sin más demora cederle la propiedad intelectual de su invención (quién se la cedió a quién?), apostando a que de esta manera podría hacer su sueño realidad, brindando acceso a lo que en este momento era un tónico (remedio), a todo aquel que -al igual que su sobrina- lo necesitase.

Photo: Archivos.  Photographer: Diego Vidart

 

Giebert, además de ingeniero resultó ser un espléndido emprendedor y empresario.  Para comienzos del año siguiente ya había realizado pruebas de concepto en Inglaterra, donde las vacas eran abundantes, y obtenido financiación de un conjunto de inversores, entre ellos un grupo de Bélgica, país que en esa época se especializaba en procesar el cuero vacuno.  Es así que en Julio de 1863 se funda La Compañía de Extracto de Carne Giebert & Cía.  La visión del ingeniero se hacía cada vez más real.  Para ese momento el sistema ideado por este era capaz de producir 4 kilos de extracto de carne en tan solo dos semanas de trabajo (como referencia, 1 kilo alimentaba a 132 soldados).  Poco tiempo después, al constatar la magnitud de la oportunidad, e incluso antes de poder retornar beneficios a sus inversores originales, Giebert obtiene £150 mil libras de capital adicional y en Diciembre de 1865, en Londres, funda Liebig Extract of Meat Company (LEMCo).

Fray Bentos resultó ser el ecosistema ideal para desarrollar dicho emprendimiento.  Abundante materia prima a menor costo que en Europa, suelos fértiles y de gran rendimiento, mano de obra barata acostumbrada al trabajo con el ganado, y una ubicación geográfica envidiable al borde del río Uruguay, configurando un puerto natural de gran calado que garantizaba una fácil distribución a los mercados europeos.

El negocio creció rápidamente.  La visión de negocios transformó la forma de gestionar los campos pasando a una producción más intensiva, y utilizando entre 100 y 200 mil cabezas de ganado por año.  Se optimizó la producción para aprovechar los desechos animales y crear, basado en otro de los radicales descubrimientos de Liebig, la primer producción de fertilizante orgánico.  Hasta ese momento los productores ingleses fertilizaban sus pobres y mal trabajadas tierras con guano, defecación de un ave del norte de Chile y Perú.  El alto consumo redujo drásticamente la disponibilidad, y rápidamente los precios crecieron haciendo el mismo inviable.  Para la fortuna del nuevo emprendimiento había materia orgánica de sobra en los mataderos de Fray Bentos, y así se complementó la producción con más de 70 mil kilos de fertilizante por día.  Está documentado que llegaron a puertos de la compañía más de 1650 barcos por año, frecuentemente cargando de a tres barcos a la vez interconectados por pasarelas móviles.  En 1899 la empresa registra la marca Fray Bentos que después pasó a ser propiedad de Oxo, marca aún existente en el Reino Unido y propiedad actualmente de Premier Foods.  Las anécdotas dicen que el origen de la marca Oxo radica en que las latas de 20 kilos de corned beef que salían de Fray Bentos eran marcadas con la letras ‘Ox’ (buey en inglés).  Al parecer los trabajadores del puerto, en su infinito afán creativo y en búsqueda de entretenimiento, completaban las letras ‘Ox’ con otra ‘O’ para crear la representación de una cara: ‘OxO’.  Es así que en los mercados destino, las latas llegaban señalizadas con las tres letras, y los consumidores adeptos a la calidad del producto uruguayo demandaban el producto ‘Oxo’.

El incuestionable éxito atrajo a personas de los más diversos orígenes.  A diario se formaban largas filas frente al portón principal con candidatos de todos los departamentos del país buscando la oportunidad de integrar este milagroso sistema de producción y en gran medida de vida.  Curiosamente los registros muestran que en el Anglo trabajaron también un variado grupo de inmigrantes extranjeros que representaron más de 56 nacionalidades.  Testigo de la importancia regional de este emprendimiento, la tan diversa afluencia de trabajadores transformó la cultura de Fray Bentos, siendo tal vez este lugar y este momento la expresión más cosmopolita que haya tenido el país en toda su historia.

Photo: Antonio.  Photographer: Larry Hayden.  

 

El advenimiento de la primer guerra mundial, la pérdida de competitividad de Uruguay con Argentina, así como la mala imagen y endeudamiento alemán post-guerra, propiciaron la venta de las operaciones en Uruguay, pasando a llamarse Frigorífico Anglo y quedando en manos de capitales y operación inglesa.  Fueron años de gran inversión y auge, con la construcción de las cámaras de frío, un edificio de más de 6 pisos refrigerado por un circuito con un recorrido de más de 70 kilómetros, impulsado por un sistema hidráulico redundante, operado con tres fuentes de energía diferentes (vapor, fuel oil y electricidad).  La producción de enlatados con exportaciones que superaron los 16 millones de latas en 1943, fue fundamental fuente de alimento para los soldados durante la segunda guerra mundial.  El frigorífico tuvo su apogeo hasta los años 50.  Posteriormente sobrellevó una década de estancamiento que confluyó en la terrible inundación de la zona en 1959.  La incapacidad de mantener el liderazgo tecnológico y la baja de demanda de los mercados de Estados Unidos y Europa llevan a un inevitable declive, etapa que se cierra con la venta del frigorífico al estado Uruguayo en 1971.

Son diversas y extremas las miradas al respecto de los ingleses como patrones.  Hay aquellos que los califican de explotadores en el mejor de los casos.  Sin embargo son muchos quienes sienten aprecio, respeto y gratitud, más allá de las peculiaridades de un gerente u otro.  Son varios los que reconocen que de hecho en el Anglo se pagaba bien.  Que ‘me dio para comprar una casita para mi y otra para los viejos, y un auto chiquito’, y no falta el que reconoce que ‘pagaban bien, y la verdad que yo me tomé toda’.

La pasada de los ingleses por Fray Bentos no pasó desapercibida.  Grande es el legado, y más aún la indeleble marca del impacto de su poderío.  Como si el establecimiento del primer campo de golf en Uruguay fuese poco, el frigorífico marcó de una manera muy particular al pueblo de Fray Bentos.  Durante muchos años empleó a casi la totalidad de sus habitantes, y aquellos pocos que escaparon a la voraz maquinaria productiva creada por los ingleses, seguro de forma indirecta su diario vivir dependía de este establecimiento.  De una manera muy singular, el pueblo vivió casi en su totalidad ‘a la sombra’ del frigorífico, y no existió ni la necesidad ni la visión de crear fuentes alternativas y sustentables de trabajo.  Es así como bien dijo Pedro Irare, empleado del Anglo, ‘se acabo el frigorífico, se acabó Fray Bentos’.

Photo: Pedro.  Photographer: Daniel Milnor.  

 

Lo que llevó muchos años crear, fue perdiendo relevancia rápidamente.  En tan sólo 8 años de gestión nacional, bajo diversas marcas y administradores, la falta de liderazgo -sumada a la baja de demanda europea- llevó a la última faena en 1979.  Para ser justos, la historia indica que no todo es consecuencia de la ya evidente en ese momento pobre administración local, sino además de la reestructura social, cultural y económica del viejo continente, influenciada por la creación del mercado común europeo con el fin de la guerra, empujó al consumo de los productos internos sobre aquellos provenientes de otros destinos.

Años más tarde Fray Bentos se reivindica con su segunda oportunidad.  Con una inversión extranjera superior a los mil millones de dólares se instala en las afueras del pueblo la planta procesadora de pulpa de papel de origen finlandés, Botnia.  Al igual que antaño, más allá de la materia prima, que ahora son árboles en vez de vacas, Fray Bentos prueba ser un sitio privilegiado para un establecimiento industrial.  De la mano de los inversores llega la tecnología, los inmigrantes que la dominan y con ellos los cambios sociales y culturales que trae aparejados.  La historia se repite y esto al menos parece ser una constante en el modelo.

Si bien por un corto período de tiempo, particularmente durante los años de construcción de la planta, emplea a un gran número de obreros como mano de obra, esta bonanza es pasajera y efímera.  Al igual que antaño el pueblo florece, surgen hoteles y emprendimientos varios, pero la alta tecnología y la automatización demandan poca mano de obra, y la poca requerida es calificada y en general foránea a las habilidades de los trabajadores locales.  Es así que en poco tiempo todo vuelve a su estado estanco.  Esta vez al igual que antes, tampoco se crearon fuentes laborales significativas y sustentables.  La historia se repite.  Se acabo Botnia, se acabó Fray Bentos.

 


[1] Charque o charqui (quechua ch’arki, «cecina») como la llamó la cultura inca, se refiere a la carne deshidratada que se cubría con sal y se exponía al sol.

 

Photo: Pedro.  Pedro, un viejo trabajador del Anglo.  Photographer: Martin Herrera Soler.

Photo: Faena.  Una vista desde la playa de faenas.  Photographer: Martin Herrera Soler

Photographer: Diego Vidart

Photographer: Diego Vidart

Photo: Conservas.  Departamento de conservas.  Photographer: Martin Herrera Soler.  

Photographer: Daniel Milnor.  

Photographer: Diego Vidart

Photo: Puerta 1.  Photographer: Martin Herrera Soler.  

Photo: Puerta 2.  Photographer: Martin Herrera Soler.  

Photographer: Diego Vidart

Photo: Grasería.  Departamento de grasería.  Photographer: Martin Herrera Soler.  

Photo: Torre.  Una vista desde el departamento de gasería.  Photographer: Martin Herrera Soler.  

Photographer: Daniel Milnor.  

Photographer: Diego Vidart

Photographer: Diego Vidart

Photographer: Diego Vidart

Photographer: Daniel Milnor.  

Photo: Sombras en la pared.  Una vista de los muchos edificios que componen este complejo sitio de la revolución industrial en Uruguay.  Photographer: Martin Herrera Soler.  

Photo: Broken Windows.  Grease department.  Photographer: Martin Herrera Soler.  

Photo: Sunset.  Sunset at the Frigorifico slaughterhouse beach where the locals gather to fish.  Photographer: Martin Herrera Soler.